¿Por qué se extinguen las abejas de miel?

¿Por qué están desapareciendo las abejas de la miel? En el año 2010 ya se sabía que el ácaro parásito Varrooisi era una de las principales causas de la extinción de las abejas. Pero también entonces ya se contemplaban los efectos de los insecticidas neurotóxicos sobre las abejas de la miel, principalmente aquellos que se conocen como neonicotinoides, pero también otros llamados fenilpirazoles, como uno de los principales factores a tener en cuenta en la actual crisis mundial de la apicultura. Estos dos años han servido para confirmar aún más un hecho ya evidente a ojos de muchos técnicos y apicultores, y es que desde su introducción en el mercado fitosanitario en los años 90, estos insecticidas han sido responsables de una gran parte de la mortalidad de las abejas y, por extensión, de otros insectos polinizadores, por todas partes. Las materias activas conocidas como imidacloprid, tiametoxam, clotianidin y acetamiprid han sido, lamentablemente, de uso muy frecuente en la agricultura convencional de todo el mundo, tanto que el primero de ellos ha sido de los más vendidos en los últimos años, y sólo en España hay más de 50 productos comerciales que se aplican sobre una amplia gama de cultivos de tal manera que es difícil no encontrar residuos de imidacloprid, aunque sean de unas pocas partes por billón, en todo el ámbito agrario. Hay que tener en cuenta que se trata de sustancias con una persistencia considerable, que son miles de veces más tóxicos que el DDT, y que a menudo se aplican de manera que se prolonga aún más su presencia en el medio: diluidos en el agua del riego por goteo y también cuando se usan para producir semillas recubiertas. Las abejas pueden sufrir intoxicaciones agudas y morir por centenares o miles delante de la entrada de sus colonias y también en el campo. Este es el caso que aparece en la fotografía y corresponde a una intoxicación muy grave a consecuencia del tratamiento de nectarinas en plena floración con el insecticida tiametoxam, en los alredores de Montesa (Valencia), en febrero de 2010. También han habido casos parecidos en Alemania con el clotianidin. Abejas Y neonicotinoides Pero el aspecto más nuevo e inquietante del uso de los neonicotinoides es que las abejas pueden entrar en contacto con dosis subletales que las hacen sufrir déficits sensoriales y mueren en el campo, desorientadas, sin saber regresar a su colonia. Esto es precisamente lo que denunciaban los apicultores franceses a finales de los 90, cuando sus colonias perdían las abejas con sigilo, sin resultar evidente a la entrada del panal, y en unas pocas semanas se quedaron despobladas durante la floración del girasol nacido a partir de semillas recubiertas de imidacloprid. También los han sufrido los apicultores del norte de Italia, cerca de campos de maíz tratado. La investigación de los efectos de las dosis subletales y las consecuencias en las colonias a largo plazo ha sido larga y compleja, pero hoy en día las evidencias son abrumadoras. Durante los últimos 15 años se han sumado más apicultores afectados por todo el mundo, también organizaciones de protección medioambiental e investigadores han reclamado una intervención urgente de los gobiernos, superando ya los obstáculos que ponen las multinacionales que los fabrican y comercializan. Las negligencias de las autoridades nacionales quedan patentes en los informes del Defensor del Pueblo Español, que lleva advirtiendo al Ministerio desde 2008 de que se deberían revisar las autorizaciones administrativas de este tipo de insecticidas y, en todo caso, prohibirlos porque las condiciones impuestas para su autorización no se cumplen en la práctica habitual y suponen un alto nivel de peligrosidad para las abejas, otros insectos polinizadores y, además, contrarios a los principios de la lucha integrada contra las plagas. Siguiendo esta argumentación, el Defensor del Pueblo recuerda que el Registro Oficial de Productos Fitosanitarios impone una condición previa para la autorización de estas formulaciones: "Para proteger a las abejas y a otros insectos polinizadores, no se ha de aplicar ningún insecticida durante la floración de los cultivos". En la práctica, esta condición no se cumple y la administración no controla en absoluto su cumplimento. Así llegamos al punto culminante en todo este proceso, la publicación el pasado mes de abril de dos trabajos que corrobora los efectos de los neonicotinoides en la revista Science. Uno de los trabajos demuestra el efecto negativo del imidacloprid sobre las colonias de Bombus en Inglaterra; y el otro deja constancia de que las abejas de miel que entran en contacto con dosis subletales de tiametoxam sufren desorientación y se pierden por el campo, poniendo en peligro la viabilidad de la colonia de abejas. No es casualidad que el mes pasado la EFSA (la organización europea que debería de vigilar la sanidad alimentaria, que tiene competencia en este problema y que hasta ahora no había mostrado mucho interés por los insecticidas neurotóxicos), haya emitido un informe donde reconoce de forma patente que la metodología vigente de evaluación de los efectos de los plaguicidas sobre las abejas no es suficiente y se ha de revisar profundamente. Según este informe, se deben tener en cuenta los efectos sobre otros himenópteros como el Bombus y las abejas solitarias, que se deben contemplar en los protocolos, así como las dosis subletales, los efectos a largo plazo sobre las colonias y las sinergias cuando se aplican conjuntamente dos o tres materias activas. Se debería plantear, como lo hace Noa Simon, coordinadora de apicultura del COPA-COGECA (órgano representativo de europeo de los sindicatos y cooperativas agrarias y ganaderas) que si las evaluaciones de la toxicidad de los nuevos insecticidas sistémicos y neurotóxicos no se han hecho correctamente y por lo tanto se ha de revisar su autorización. ¿Quiere esto decir que el uso de estos productos será suspendido hasta que se completen los estudios de toxicidad sobre las abejas y Bombus? Ya sería hora de que las autoridades agrarias europeas se quitaran el yugo que les impone desde hace tiempo la poderosa industria agroquímica. Fernando Calatayud y Enrique Simó son técnicos de la Agrupación de Defensa Sanitaria apícola apiADS. En: www.metode.cat

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