Apicultura: una visión general

La abeja, ligada al territorio y a la esencialidad, sinónimo de alegría y felicidad. Muchos pueblos han consumido su miel invocando fecundidad mientras celebraban sus bodas, dejándonos así en herencia la luna y su miel. Cuna de postres, emulsionante de platos donde, humilde y silenciosa, subraya propiedades y desencadena sabores, evoca notas y colores en una sinfonía que invita a reconocer identidades y matices. Versátil, multicolor, aromática, cabalga con elegancia sobre las sardinas transportando las flores al mar, esparce aromas sobre la pasta y exalta los colores de las verduras. Conocida desde tiempos inmemorables, amada por muchas culturas diferentes, néctar de los dioses, reminiscencia de la divinidad para poetas y filósofos. Dulce. Evocadora. Sensual. Inconfundible. La miel es hija de las flores, que le dan origen. Las abejas han sido creadas para las flores del mismo modo que las flores han sido creadas para las abejas. La miel es también la manifestación especular de la riqueza botánica de los territorios donde nace, un paradigma de esencialidad y artesanía, máxime si se tiene en cuenta que las mieles no son un producto industrial, sino el fruto de una expresión única e irrepetible de la naturaleza. Así, de la misma manera en que una instantánea evoca un momento singular y efímero de nuestra vida, la miel permite atesorar en un bote aquel singular destello de un sol que ya nunca repetirá su fulgor de la misma manera, el néctar de la planta tenaz que arrancó nutrientes de la oscuridad de la tierra y la fugaz belleza que emocionó nuestra retina y conmovió nuestro espíritu. El apicultor El apicultor es un discípulo de la Madre Naturaleza, el artesano que forja la calidad de la miel a través del respeto por el trabajo de las abejas. Como hemos dicho, la miel debe propiciar la remembranza del territorio donde nació, así como una fotografía evoca los momentos vividos. El apicultor debe ejercer con celo su rol de intérprete entre abejas y hombres y de guardián de la memoria de los territorios naturales: la verdadera maestría del apicultor es respetar y envasar aquello que la naturaleza ofrece en las condiciones exactas en que ésta nos lo regala, sin añadir ni quitar; es decir, ejerciendo la humildad de saberse parte de un mecanismo maravilloso y fascinante. Escrito por: Enrique Quiróz y Fleytas Publicado en: Revista

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