¿Tienes abejas en tu casa? LLámanos

Posiblemente te hayas fijado en que la ciudad está llena de abejas, esto es porque la subida de las temperaturas favorece la aparición de enjambres. Por estas fechas hay aproximadamente mil casos de enjambres que se anidan en los sitios menos deseados, por eso, si ves que unas abejas han decidido aposentarse en tu casa no las prendas fuego, sino que tienes que llamar Nicolás de Mieles Alvearium No, no nos hemos vuelto locos, Nico es el encargado de solucionar esto. Para trasladar a estas molestas visitantes se las atrae con miel y se desplaza a la abeja reina a otro sitio donde no suponga un incordio. Ya sabes, si ves un enjambre en tu casa no intentes prenderle fuego o acabar con el con insecticidas, simplemente marca el 0412 9817364 y nos encargaremos de solucionar tu problema.

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Abejas que cosen (Sewing bees)

Los diccionarios de inglés definen la expresión sewing bees (abejas costureras), como un pequeño encuentro informal, normalmente de mujeres, que gira entorno a la actividad de hacer o remendar trajes con aguja e hilo. La cadena británica de televisión BBC ha puesto en marcha un concurso llamado “Great British Sewing bee” (La abeja costurera del Reino Unido), consistente en que varios sastres aficionados del Reino Unido acepten desafíos y compitan entre ellos para que uno de ellos sea nombrado “el mejor sastre no profesional del Reino Unido”. La ganadora ha sido una abuelita de 81 años, que ha cosido casi todos los días de su vida. Pero lo que nos ha llamado la atención es otra historia real, en la que se basó el título del programa. La BBC ha querido hacer un pequeño homenaje a la labor de otras “abejas costureras”, las mujeres que durante la Segunda Guerra Mundial dedicaron parte de sus esfuerzos a realizar y remendar trajes para los soldados y la sociedad en general, y con su ejemplo ayudaron a la cohesión ante unas circunstancias tan adversas como las de una guerra. Recibieron el apoyo de la Reina consorte Isabel (1900-2002), mujer del rey Jorge VI, que se destacó por su compromiso moral con el pueblo británico durante los años del conflicto bélico. La reina pidió a las trabajadoras del palacio de Buckingham que se unieran a ella dos veces a la semana en la habitación azul para dar unas “puntadas por la victoria”. Este gesto ayudó a que otras mujeres en el país emprendieran acciones parecidas. Una vez más, la imagen de la laboriosa abeja se impone. En: mieladictos.com

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Datos interesantes sobre la miel y las abejas

1.- Para producir la miel, las abejas toman el néctar de las flores y la transforman con sus enzimas para después ser almacenada en celdas que cubren con un sello de cera hasta que se reduce el contenido de agua. 2.- Los usos de la miel de abeja pueden ser para fines gastronómicos, terapéuticos, energéticos, bactericidas y conservadores. 3.- La miel es un ingrediente sumamente nutritivo ya sea disuelta, horneada o cocinada por su alto contenido de vitaminas, proteínas y minerales. 4.- En usos medicinales, la miel de abeja tiene propiedades antibacteriales, anti-inflamatorias, antisépticas y calmantes. 5.- La miel de abeja con limón tibia alivia las molestias de la garganta, irritación y tos. 6.- Las abejas son unos de los insectos más organizados del mundo; vive en todas partes salvo en las regiones donde el invierno es demasiado frío. 7.- En una colmena vive la abeja reina, los zánganos y las obreras. 8.- La abeja reina es la única hembra sexualmente productiva, consumado el apareamiento, el zángano muere. Las abejas obreras segregan cera, construyen el panal, recogen néctar, polen, agua, transforman el néctar en miel, limpian, ventilan la colmena y son guardianas. 9.- Sin abejas no hay polinización, pues es una de las principales tareas que desempeñan en la naturaleza. En: www.animalgourmet.com

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Abejas expuestas a los fungicidas son más vulnerables al parásito Nosema

WASHINGTON, D.F.—Abejas de miel que consumen el polen que contiene niveles subletales de los fungicidas comúnmente usados podrían llegar a ser más propensas a infección por un parásito intestinal, según los resultados de investigaciones realizadas por científicos del Departamento de Agricultura de EE.UU. (USDA por sus siglas en inglés) y la Universidad de Maryland y publicados hoy en PLOS ONE. Esta investigación complementa otras investigaciones recientes del USDA relacionadas con las abejas de miel, incluyendo un informe detallado sobre la salud de las abejas de miel. Ese informe, el cual fue hizo público en mayo, describió múltiples factores que tienen un papel en la disminución de las colonias de las abejas de miel, incluyendo parásitos y enfermedades, la genética, la nutrición pobre, y la exposición a los pesticidas. El informe de mayo específicamente destacó la necesidad de realizar más estudios para determinar los riesgos representados por exposición a los pesticidas, juntos con la necesidad de más colaboración científica y más información compartida. Investigadores de la universidad y del Servicio de Investigación Agrícola (ARS) recogieron muestras de polen de abejas de miel que polinizaron las manzanas, la sandía, la calabaza, los pepinos, los arándanos y los arándanos rojos. Los científicos analizaron el polen para determinar las cantidades de fungicidas, insecticidas, miticidas y herbicidas a los cuales las abejas fueron expuestas durante su polinización de cada uno de los seis cultivos. En muchos casos, el polen llevado por las abejas vino principalmente de plantas diferentes del cultivo objetivo. Algunas muestras de polen contuvieron solamente un poco de pesticidas, pero el número medio en una muestra de polen fue nueve diferentes pesticidas, incluyendo los insecticidas, los herbicidas, los miticidas y los fungicidas. La sustancia química más común en las muestras fue los fungicidas. El fungicida más comúnmente presente fue chlorothalonil, el cual se usa ampliamente en las manzanas y otros cultivos. La miticida más comúnmente presente fue fluvalinate, el cual es usada por los apicultores para control los ácaros varroa. Los insecticidas neonicotinoides se encontraron solamente en el polen de las abejas que polinizaron las manzanas. "Las abejas de miel que se alimentaron con polen que contuvieron el fungicida chlorothalonil, el cual fue colectado en la entrada de la colmena, tuvieron casi tres veces más probabilidad de infección cuando expuestas al parásito Nosema, comparadas con las abejas que no consumieron ese fungicida", dijo Jeff Pettis, quien es un autor del estudio y es líder del Laboratorio de Investigación de Abejas mantenido por el ARS en Beltsville, Maryland. ARS es la agencia principal de investigaciones científicas del USDA. "Nuestro estudio destaca la necesidad de examinar estrechamente la conexión entre fungicidas y la seguridad de las abejas, porque los fungicidas actualmente se consideran como seguros y pueden ser aplicados durante el florecimiento de muchos cultivos", dijo Dennis vanEngelsdorp, quien es otro autor del estudio y es profesor con la Universidad de Maryland. "También necesitamos una mejor comprensión sobre cómo los pesticidas entran en la colmena. Es evidente que esto ocurre no solamente por la colección de polen de los cultivos polinizados por las abejas". Estos hallazgos proveen nueva información útil en la comprensión de los problemas que afectan las abejas de miel en EE.UU., incluyendo el desorden del colapso de colonias, la disminución de las colonias de abejas de miel, y otros problemas de salud en las colonias manejadas, según Pettis. Un hallazgo inesperado fue que las abejas de miel recogieron una cantidad relativamente pequeña de polen de las plantas de arándanos y arándanos rojos, las cuales son cultivos que se originaron en el Nuevo Mundo. Además de esta falta de colección de polen, los investigadores saben que las abejas sí polinizan estas plantas. Abejas de miel fueron llevadas a Norteamérica de Europa juntos con los cultivos del Viejo Mundo, tales como almendras y manzanas, las cuales evolucionaron con las abejas de miel como sus polinizadores. En: www.ars.usda.gov

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Esta abeja guarda un misterio

Dave Hackenberg lleva ganándose la vida como apicultor desde 1962, cuando decidió dedicarse a la cría de las abejas de la miel. Su negocio consiste en transportar sus colmenas a lo largo y ancho de Estados Unidos a bordo de grandes camiones. Con su gorra calada, su nariz afilada y el rostro marcado por una vida dedicada al campo, Hackenberg recorre todos los años miles de kilómetros de costa a costa con sus panales para polinizar las plantaciones de manzanos de Pensilvania –donde tiene su casa de verano– o los extensos cultivos de almendras de California, a principios de la primavera. En otoño de 2006, Hackenberg se desplazó a Florida, donde tiene su casa de invierno, para que sus abejas se ocuparan de fertilizar los amplios cultivos de calabazas. Sus colonias eran un hervidero cuando las dejó, pero al regresar allí un mes después se encontró con la mayor sorpresa de su vida. Más de la mitad de sus 3.000 panales aparecían desiertos, con tan solo la abeja reina y unas cuantas obreras guardianas. Los alrededores tampoco mostraban cadáveres de abejas. Los insectos se habían desvanecido. “Fue como si caminara por un pueblo fantasma”, indicó Hackenberg a la revista Scientific American. Hackenberg comunicó el suceso a sus colegas, lo que le costó no pocas críticas. Enseguida lo tacharon de apicultor descuidado. Pero poco después, los casos de desapariciones misteriosas de abejas se propagaron entre otros muchos colegas. Estos insectos tienen un fuerte sentido colectivo, dentro de una sociedad exclusivamente femenina que gira alrededor de la abeja reina, la madre de toda la comunidad. Hay guardianas que defienden el panal, otras que se especializan en cuidar los huevos y las crías, y otras que se encargan de traer el alimento –néctar y polen– a la colmena, fabricando miel. El abandono de una colmena resulta un comportamiento inconcebible: un suicidio colectivo. Los apicultores, aterrados, no encontraron restos de insectos, ni señales o pistas que pudieran explicar la tragedia. Las abejas se habían desvanecido inexplicablemente. En la primavera de 2007, los investigadores descubrieron que una cuarta parte de los apicultores estadounidenses habían sufrido pérdidas catastróficas. Pero el desastre se propagó a otros países: Brasil, Canadá, Australia, y también en Europa, en Francia y España. En la televisión saltaban extrañas noticias como la desaparición de 10 millones de abejas en Taiwán. Desde aquel otoño de 2007 se vienen repitiendo las desapariciones masivas. Hackenberg pasó de apicultor descuidado a pionero, el primero en dar la voz de alarma: millones de abejas desaparecen cada año. Algo está ocurriendo. “Sí, es un fenómeno global”, afirma Carlo Polidori a El País Semanal. Como experto en comportamiento de himenópteros e investigador del Museo Nacional de Ciencias Naturales de Madrid, del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), Polidori es muy consciente del problema. En Europa, las pérdidas de colmenas se suceden anualmente a un ritmo de un 20%, observa con preocupación. “En este año se han perdido en Inglaterra el doble de colmenas que el año anterior”. HEIDI & HANS-JÜRGEN KOCH En España, las noticias anteriores al hallazgo de Hackenberg son incluso peores. “Antes de 1994 había una desaparición anual de entre el 5% y el 7%”, explica Suso Asorey, secretario de la Asociación de Apicultores Gallegos (AGA), mediante correo electrónico. “A partir de esta fecha estamos entre el 35% y 40% (de pérdidas)”. Asorey destaca que en algunas regiones las pérdidas de colmenas llegan hasta el 90%. En Galicia, la situación roza el drama. Han desaparecido 450.000 colonias en los últimos 18 años. Las pérdidas económicas se contabilizan en más de 51 millones de euros, asegura Asorey. Pero el valor polinizador “se eleva a más de mil millones de euros”. Existen alrededor de 20.000 especies de abejas, pero las abejas de la miel (Apis mellifera) son extraordinarias ya que polinizan una amplia variedad de flores. Cada individuo es un prodigio de la ingeniería biológica: está equipado con sensores de temperatura, de dióxido de carbono y de oxígeno, y su cuerpo está diseñado para cargarse de electricidad estática. Cuando las abejas recolectan el alimento en las flores, los granos de polen que quedan adheridos a ellas permiten que el polen de una flor viaje hasta otra, la cual se fertiliza. El resultado es una semilla y un fruto. La magnitud del fenómeno resulta increíble cuando examinamos la labor colectiva. En un panal medio puede haber unas 60.000 abejas, de las que 40.000 salen en busca de alimento. Cada obrera realiza hasta 30 salidas diarias, y en cada viaje puede llegar a polinizar un total de 50 flores. En una sola jornada de trabajo, una colmena puede lograr la fertilización de millones de flores. Los cálculos de AGA sugieren que una sola colmena es capaz de encargarse de fertilizar las flores en una zona de 700 hectáreas, es decir, la superficie equivalente a unos 350 campos de fútbol. La importancia económica de las abejas de la miel es colosal. En la Red circula una citación atribuida a Einstein que sugiere que si las abejas desaparecieran hoy de la Tierra, el hombre solo podría sobrevivir cuatro años. Sea o no cierta esta cita, hay una parte de verdad en ella que evoca un futuro apocalíptico. De acuerdo con Hackenberg, las abejas de la miel intervienen en uno de cada tres bocados que nos llevamos a la boca. Los cultivos básicos como el arroz, el trigo o la cebada son polinizados por el viento. Pero en un mundo sin abejas, una gran parte de las frutas y verduras comunes de los supermercados desaparecerían de las estanterías. Sus precios resultarían tan astronómicos que un kilo de manzanas podría costar casi como el caviar. Y si no, echen un vistazo a la siguiente lista que proporciona AGA. En España, la polinización de las abejas permite que tengamos almendras, melocotones, cerezas, ciruelas, manzanas y peras; también hacen posible la alfalfa y el trébol; frutas como melones, pepinos, calabazas, calabacines y berenjenas, las fresas, frambuesas, las zarzamoras y el tomate. A las abejas le debemos los espárragos, el aceite de colza o de girasol, fibras textiles como el lino o el algodón. La vid depende parcialmente de la labor de las abejas –y con ella, la producción de vino y mosto. HEIDI & HANS-JÜRGEN KOCH En la película Cuando El destino nos alcance –rodada en 1972–, un envejecido Edward G. Robinson le cuenta a Charlton Heston cómo era el mundo que él conoció antes de que la contaminación lo destruyera. Son dos hombres sudorosos y sucios, hacinados en un pequeño apartamento, delante de una mesa, que apenas tienen que comer. Los guionistas podrían haber encontrado razones para este escenario posapocalíptico en la progresiva desaparición de las abejas, precisamente por culpa de la contaminación. En un mundo sin abejas serían impensables las almendras, los cítricos, los aguacates, los berros… El filme –que no hace mención alguna a las abejas– encaja como un guante en un mundo desprovisto de ellas. “Más del 80% de las plantas con flores son polinizadas por animales”, remarca Carlo Polidori. “Y más del 30% de las plantas de cultivo y frutas dependen de la polinización por parte de las abejas”. Y si bien hay especies de abejas silvestres y abejorros que hacen un trabajo muy importante –pudiendo ser en algunos cultivos hasta más efectivo que el realizado por las abejas de la miel–, el carácter todoterreno de estos animales colectivos les convierte en la especie de insecto que más importancia económica tiene para el hombre. Hay otro título singular, El incidente (2008), realizado por M. Night Shyamalan poco más de un año después del hallazgo de Hackenberg. En este filme, Mark Wahlberg se hace eco del descubrimiento de David Hackenberg (sin mencionar el nombre) ante sus alumnos. “No sé si conocéis este artículo de The New York Times. Al parecer, las abejas están desapareciendo por todo el país. Decenas de millones”. Wahlberg les pregunta en ese momento a los estudiantes si tienen alguna idea de los motivos que habría detrás de este fenómeno. En esa clase, los alumnos citan el calentamiento global, el aumento de temperatura como factor de desorientación de los insectos; la contaminación como una causa genérica; una infección por un virus, aunque poco probable, ya que el fenómeno se está reproduciendo en 24 Estados; hasta que uno responde: “Nunca lo llegaremos a comprender”. En un mundo sin abejas, gran parte de las frutas y verduras desaparecerían de los supermercados En cierto modo, la incógnita que rodea a este misterio guarda bastante fidelidad con la ficción cinematográfica. Meses después de lo ocurrido con las colmenas de Hackenberg, los investigadores catalogaron el fenómeno como “colapso desordenado de la colonia” (CCD, siglas en inglés de colony collapse disorder). Cinco años después, los interrogantes persisten. Los investigadores han indagado como si fueran forenses científicos en busca de cadáveres que examinar; han realizado autopsias en los animales en busca de parásitos, virus y rastros de insecticidas; han examinado la capacidad reproductora de las abejas madre, y han realizado un sinfín de estudios de toxicidad buscando restos de pesticidas en los granos de polen. Hasta el momento, no han encontrado a un solo culpable, pero sí muchas pistas, y todas inquietantes. Los inmensos campos de monocultivos que sostienen la agricultura mundial son un festín continuo para legiones enteras de insectos devoradores. La única manera de mantenerlos a raya es rociándolos con nuevas fórmulas de plaguicidas e insecticidas cada vez más letales. Y estas sustancias tóxicas podrían alterar el comportamiento y el sistema nervioso de las abejas. En concreto, un tipo de pesticidas sintéticos –llamados neonicotinoides– atacan los centros del sistema nervioso de los insectos. Cuando las abejas obreras salen para recoger el néctar, entran en contacto con estas sustancias, que alteran su sistema nervioso. Los animales, desorientados, no encuentran el camino de vuelta hacia la colmena –situado a kilómetros de distancia– y mueren lejos. Esto podría explicar el hecho de que los investigadores suelen encontrar los paneles casi vacíos sin cuerpos a su alrededor. Para Asorey, secretario de la AGA, “la puesta en el mercado de estos pesticidas neurotóxicos y sistémicos coincide con las pérdidas registradas de hasta un 40%”. Si la legión de obreras que parten para recolectar polen no regresa, la colmena no dispone de suficientes individuos y está condenada irremisiblemente a morir. Los pesticidas podrían tener otro efecto devastador. Debilitan a las abejas y las hace más susceptibles al contagio de patógenos y virus, asegura Polidori. Un tipo de ácaro, el Varroa destructor, “es capaz de destrozar una colonia entera”. Estos ácaros se pegan al cuerpo de las obreras y transmiten un virus letal que deforma el abdomen y las alas de los animales. Con defensas débiles, estos insectos sucumben también ante un parásito unicelular llamado Nosema, que produce esporas que los infectan. Una de las características de la enfermedad radica en un cambio de comportamiento. Las abejas jóvenes que cuidan de las crías de la colmena y que resultan afectadas por el parásito dejan su labor como enfermeras y se convierten en guardianas de la colmena, o en abejas obreras que salen para alimentarse. Al cambiar el ciclo, las crías se quedan desguarnecidas y mueren. La comunidad empieza a derrumbarse desde dentro. HEIDI & HANS-JÜRGEN KOCH Los apicultores en todo el mundo se enfrentan a un nuevo reto. En Estados Unidos, la cría de abejas se ha transformado en un negocio en el que centenares de miles de colmenas son transportadas a lo largo y ancho del país. Uno de los acontecimientos del año es la polinización de los cultivos de almendros en California. Los apicultores llegan con sus grandes camiones, rocían de antibióticos los panales para mantenerlos libres de enfermedades y alimentan a las abejas con sirope de glucosa. Ante la pérdida de animales, se han llegado a importar abejas desde Australia para mantener la industria de la almendra californiana. Los insectos llegaban a bordo de aviones Boeing 747. El doctor Eric Mussen, del departamento de entomología de la Universidad de California en Davis (Estados Unidos), es a la vez un académico y un experto apicultor, el puente ideal entre la ciencia entomológica y el mundo real, en el que los apicultores han domesticado y criado a las abejas desde hace siglos. “Cada país es diferente, pero los apicultores están teniendo dificultades para mantener el número de las abejas de sus colonias”, admite Mussen al otro lado del teléfono. En Estados Unidos, asegura, la mayoría de los apicultores está alejándose de la agricultura comercial masiva. El mensaje de sus colegas orgánicos ha calado, al menos en lo que respecta al manejo de los animales. No hace mucho se acarreaban los panales en vagones junto con caballos, o en camiones mal acondicionados. Pero ahora las colmenas viajan en tráileres preparados con suspensión neumática. Según Mussen, estos largos desplazamientos no suponen un gran problema para los animales, ya que en apenas un par de días se adaptan al lugar y al cambio de horario. Las importaciones de abejas de otros países también se han suspendido en Estados Unidos por el temor a que con ellas lleguen nuevas enfermedades. Mussen nos advierte de que el porcentaje de pérdidas en la actualidad –entre el 15% y el 20%– es una media estadística, aunque en el caso de algunos apicultores se eleva al 50% e incluso al 80%. El problema esencial para las abejas, explica Mussen, es conseguir una buena nutrición. Las obreras deben salir para recolectar alimento, polen y néctar de buena calidad. De ellas depende una colmena de miles de individuos a los que tienen que alimentar de manera incansable. Los monocultivos ganan cada vez más terreno, ya que sostienen una agricultura masiva necesaria para alimentar a millones y millones de personas. Para las abejas, este efecto es devastador. Es como si, para los seres humanos, los campos cultivables en todo el planeta se fueran convirtiendo en desiertos de arena. En Europa, las pérdidas de colmenas oscila entorno a 20% anual Una colmena al lado de una gran plantación de maíz está casi condenada a muerte, por ejemplo. Los insectos no encuentran alimento y además se impregnan de insecticidas. La malnutrición afecta a sus defensas y a los sistemas para desintoxicarse. Se hacen más débiles frente a agresores como el ácaro Varroa, detalla Mussen. Para evitarlo, los apicultores suelen rociar las colmenas con sustancias antiparasitarias para mantener lo más baja posible la población de ácaros. Pero muchas veces es como añadir gasolina al fuego. “Con ello aportan otra sustancia química a la cual tiene que enfrentarse el sistema de desintoxicación de la abeja”, que de por sí ya está debilitado. Y los ácaros también contagian los virus, tanto a las larvas como a los individuos adultos. Los perjuicios que sufren las colonias tienen orígenes distintos –ácaros, los virus que portan, la falta de alimento y las enfermedades importadas de otras abejas–, pero cuando se combinan es como si la comunidad sufriera un ataque multidimensional cuyo efecto se va multiplicando a medida que las defensas de las abejas disminuyen. Los obstáculos se superponen. Este es el punto clave, nos dice Mussen. En una situación de equilibrio, las defensas naturales de las abejas mantienen a raya a los ácaros y a las enfermedades. Pero ahora hay graves agujeros en esas barreras defensivas. La presencia de parásitos en las colmenas es cada vez mayor. Hay una incógnita sobre quién ganará finalmente la batalla, si las abejas o sus enemigos, y todo dependerá de si las defensas se derrumban o no. Por ahora, parece que los parásitos llevan ventaja. Los pesticidas neonicotinoides son solo una parte del problema, asegura este experto. Ya que en los análisis realizados a los granos de polen se ha observado que “están contaminados por todo tipo de pesticidas y residuos”. La Unión Europea se dispone a restringir el uso de estos pesticidas sintéticos, pero eso significaría colocar en los cultivos otros pesticidas orgánicos igualmente dañinos. Para Carlo Polidori, las abejas nos están mandando un mensaje que recuerda nuestra estupidez. “Sabemos que estos insectos son indispensables para la subsistencia del género humano, pero durante décadas nos hemos dedicado a rociar los campos con plaguicidas. Las abejas nos recuerdan que siempre llegamos tarde”. ¿Qué opciones pueden ofrecer las investigaciones? Quizá podríamos recurrir a otros polinizadores distintos de las abejas de la miel. Existen especies de abejas silvestres que ahora no están domesticadas por el hombre, pero que podrían cultivarse en el futuro para hacer un magnífico trabajo de fertilización. Polidori cita experimentos en los que abejas del género Osmia resultan prometedoras para polinizar almendros y manzanos en España. A pesar de la gravedad de la situación, Eric Mussen mantiene una visión optimista sobre estos maravillosos insectos. “Las abejas llevan existiendo desde los tiempos de los dinosaurios y las glaciaciones, han sobrevivido a todo eso, así que creo que también van a sobrevivir a los humanos”. Si los apicultores no pueden finalmente mantener los números de abejas en sus colmenas para sostener la polinización comercial, el mundo cambiará. Pero lo haría de forma gradual, con una escasez desigual en la producción de frutas y verduras dependiendo del lugar y de la presencia o no de otros insectos polinizadores. Y, sin duda, con el tiempo las frutas y verduras se convertirían en un manjar al alcance de los más ricos. “Será un proceso lento. No pasaremos de inmediato de la luz a la oscuridad”. En: elpais.com

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¿Puede la miel prevenir el cáncer?

Las Vegas, Nevada.- Un estudio de 5 años por un grupo de investigadores de la Universidad de los Emiratos Árabes Unidos en Al Ain revela que el uso de la miel de abeja ayuda en el tratamiento del cáncer. El estudio fue publicado en PLoS ONE, una revista científica. La miel de abeja contiene propiedades que pueden inhibir el crecimiento de tumores en las mamas, colon y piel. La miel de manuka es nativa de Nueva Zelanda. Se llama así porque es producida por abejas que se alimentan del arbusto manuka. Se ha sabido durante siglos que sirve para tratar infecciones de las heridas y otras condiciones médicas. También se ha encontrado la miel que tiene propiedades anti-bacterianas. La miel de Manuka tiene especialmente peróxido de hidrógeno, que ayuda a combatir las bacterias. Usos médicos de la miel de manuka Tratamiento para la diabetes Tratamiento para la inflamación sistémica Reduce los niveles de colesterol Se usa para tratar problemas gastrointestinales Tratamiento de las infecciones El Profesor Basilea Al Ramadi, el investigador principal y jefe del Departamento de Microbiología e Inmunología de la Universidad de los Emiratos Árabes Unidos recientemente descubrió que la miel de abeja se puede utilizar para inhibir el crecimiento de varios tipos de células cancerosas. En: wwww.akronoticias.com

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¿A dónde van las Abejas?

Un oficio tan ancestral como sacrificado, en el que el apicultor recorre durante el verano y el otoño otras zonas de España con los insectos para aprovechar las distintas floraciones de la península. Sus orígenes se pierden allá por la prehistoria. Venerada por griegos y romanos, la apicultura es una actividad que ha sobrevivido hasta nuestros días sin apenas cambios. Unas 250 familias viven en Alicante de la miel que les proporcionan las abejas que pueblan casi 94.000 colmenas repartidas de norte a sur por toda la provincia. En los meses de verano, la mayor parte de estas colmenas son trasladadas a otras zonas de España para aprovechar las distintas floraciones que tardíamente van llegando a las zonas más frías de la península, lo que le da a la miel sus distintos sabores. Y es que, la apicultura es un sector trashumante. Jorge Gras tiene 80 colmenas en la zona de Petrer con una población de 40.000 abejas por colmena. La mayor parte de ellas las tiene distribuidas en estos momentos por Soria, Madrid y Segovia, regiones donde florece la lavanda, el roble, la encina o el espliego. «Nuestra temporada empieza más o menos en febrero con la floración del romero en la zona de Levante», señala Gras. Le siguen los cítricos, en concreto naranjos y limoneros. Entrado el verano se aprovechan las últimas floraciones en la provincia, como la albaida o el rabo de gato y tras ellas, los apicultores ponen rumbo al centro y al norte de España, donde permanecerán hasta bien entrado el otoño. Las abejas son transportadas de noche, encerradas en sus colmenas y a bordo de camiones. El invierno es la época más tranquila, cuando las colmenas requieren de muy poco mantenimiento, pero sólo si el régimen de lluvias es normal. Si se trata de un año seco, las abejas necesitan ser alimentadas a base de productos azucarados para que no mueran. Si bien la apicultura vivió en la provincia de Alicante su propia crisis de vocación hace unos años, al amparo de la bonanza económica, la recesión le ha devuelto un inesperado protagonismo. «En los últimos años el número de apicultores en la Comunidad ha aumentado entre un 4% y un 5%», señala Félix Campos, responsable en la Comunidad Valenciana de la Sociedad Cooperativa Apícola de España. Como en tantos otros casos, los nuevos apicultores son, sobre todo, ex empleados de la construcción que buscan en este sector una nueva oportunidad para no quedarse laboralmente colgados. Estabilidad laboral a cambio de unas condiciones de trabajo muy duras, en las que las picaduras de las abejas son lo de menos, como pudimos comprobar recientemente en las colmenas de Jorge Gras, poco antes de que viajaran rumbo al centro de la península. Cuando toca recolectar la miel, las colmenas se manipulan a pleno sol, cargando peso y con la protección de unos trajes, que si bien impiden que las abejas te piquen, disparan la temperatura corporal. El vaciado de las colmenas puede llevar hasta ocho horas de trabajo diarias. El humo es la única forma de mantener a las decenas de miles de abejas que te rodean a cierta distancia. «Es a lo único que le tienen miedo», explica Gras. Un temor ancestral, «se piensa que es una reminiscencia de los grandes incendios que asolaban los bosques en la época de la prehistoria». Las abejas obtienen el néctar de las plantas que convierten en miel y lo depositan en los distintos panales que conforman la colmena y que siempre tienen que guardar poco menos de 4 centímetros de distancia entre sí. «Si dejas más separación, las abejas harán otro panal en medio». Todo un complejo ejemplo de jerarquía y orden social. Un microcosmos que es necesario conocer en profundidad para poder entender y trabajar con estos fascinantes insectos. «Tienes que saber de meteorología, de flora y tener mucha experiencia si te quieres dedicar a esto», afirma. Este apicultor nos explica, por ejemplo, «que jamás puedes quitarles la miel cuando el néctar escasea porque morirán intentando defender sus colmenas o que en épocas de abundancia, un grupo de abejas pueden abandonar la colmena y hacer un enjambre, con su propia reina». También que «se orientan por el sol, poseen un gran instinto maternal o que cuando sienten el peligro segregan una sustancia que alerta al resto de las abejas». Aunque la forma de extraer la miel poco ha cambiado con el paso de los siglos, la tecnología permite que el trabajo sea ahora más sencillo. Tras sacar los panales de las colmenas y limpiarlos de abejas mediante una brocha empapada de agua, Jorge, ayudado por Justino Arteaga, los llevan al interior de una furgoneta donde una centrifugadora extrae la miel. En la provincia de Alicante apenas existen envasadoras de miel, la principales están en la provincia de Valencia. La Comunidad es una de las principales productoras de España, con aproximadamente 7 millones de kilos cada año, según explica Félix Campos. Un producto de primera calidad que se exporta a países como Alemania, Francia, Inglaterra, Corea del Sur o los países árabes. Con todo, el sector vive sus propias amenazas y no son pocas. En los últimos años, los apicultores de la provincia tienen que hacer una inversión titánica en tratamientos para mantener sus colmenas a salvo de la varroa, un ácaro que se alimenta de la sangre de las abejas. Los pesticidas usados para el tratamiento de la semillas también están esquilmando las poblaciones de abejas, algo que en nuestro países sólo ha repercutido de momento en las abejas silvestres. Sin embargo, el problema es acuciante en países como EE UU donde las abejas están desapareciendo. Una situación que, unida a la incorporación de China como país consumidor de este producto, dispara el precio de la miel en el mundo. En: www.diarioinformacion.com

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Preparan el primer banco de semen de abejas de miel

Científicos de la Universidad Estatal de Washington (WSU) en EE.UU. se preparan para crear el primer repositorio genético en el mundo con semen de abejas de miel (honeybees) seleccionadas de colonias en EE.UU y Europa. A su vez los investigadores usarán métodos de cruzamiento genético para producir subespecies más resistentes y diversas que puedan hacer frente el problema del síndrome de colapso de las colonias (CCD).abeja-miel_55545403 Consultado por www.portalfruticola.com, Walter Sheppard, profesor y jefe del Departamento de Entomología de la WSU, señaló que la motivación para crear este banco de esperma radicó en las mejoras tecnológicas que les permitieron criopreservar con éxito esperma de la abeja de miel, junto con el programa de re-muestreo de germoplasma de las poblaciones originales de abejas en Europa para fines de breeding. Si bien la creación del banco de semen es un trabajo de la WSU, Sheppard detalló que “tenemos muchos colegas en Europa y en EE.UU. que han contribuido a la exitosa importación y utilización del germoplasma de la abeja de miel a medida que nos acercamos a un repositorio funcional”. “Esto incluye a científicos del laboratorio de abejas del Servicio de Investigación Agrícola (ARS) del USDA, de la APHIS y colaboradores científicos en Georgia, Turquía, Italia, Francia, Eslovenia y Alemania”, dijo. De acuerdo a lo reportado por WSU News los investigadores recolectarán semen de las mejores abejas en Europa, el cual será inyectado en abejas reinas en EE.UU., ayudando así a mejorar y diversificar las colonias en EE.UU. “Las tres subespecies primarias que fueron muestreadas en tiempos históricos y luego catalogadas como favorables por los agricultores eran originalmente de gamas naturales dentro de Europa. Se trata de subespecies que nuestro permiso nos permite probar y utilizar para fines de breeding en EE.UU”. “América del Sur no está dentro de la gama nativa de abejas de miel y ha pasado por el mismo <> que EE.UU. y Australia. Para obtener el <> Europa es el lugar”. “Las abejas de miel de África (hay una 12 subespecies) han sido muestreadas previamente y se hicieron algunas importaciones a EE.UU. en el siglo XIX. Sin embargo, las subespecies africanas nunca contaron con la “venia” de los apicultores estadounidenses para ser utilizadas ampliamente y actualmente nuestro permiso excluye más muestras desde África”. “La abeja caucásica de las montañas del Cáucaso está en Georgia, Turquía, Armenia y Azerbaiyán y hemos recolectado material genético de esta abeja”. Sheppard nos explicó que hay alrededor de 27 subespecies de abejas de miel dentro del rango nativo de las especies (Europa, África y Asia) y que algunas de ellas son muy diferentes entre sí. “La abeja de carniola (de los Alpes) y la abeja caucásica son abejas que pueden tener alta producción de miel y están adaptadas a climas más fríos. Hay una subespecie similar en las montañas de Tien Shan en Asia. La principal abeja de comercio en EE.UU., – y en Chile -, es la abeja de miel italiana y la abeja de carniola”. Para extraer el semen los científicos aplicarán una ligera presión en el abdomen del zángano para que el pene del insecto se asome, tras lo cual retirarán una pequeña cantidad del material genético con una punta capilar de vidrio, con la ayuda de un microscopio. Los investigadores utilizarán nitrógeno líquido para elevar el periodo de conservación del semen, el cual puede mantener la viabilidad de la esperma durante décadas, ayudando a preservar una subespecie en peligro. Cabe destacar que a temperatura ambiente, el material genético del insecto se preserva entre 10 a 14 días. En: www.portalfruticola.com

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